¡6 meses con los kiwis!
Mi estadía en Nueva Zelanda fue excepcional y estoy dispuesto a regresar los más pronto posible. Tuve la oportunidad de vivir seis meses en un país parecido pero al mismo tiempo diferente a Suiza. Las cosas que pude ver y descubrir, así como las personas que conocí hicieron de este viaje una experiencia única e inolvidable. Aquí les expongo por qué…
Nueva Zelanda es un país pequeño, pero muy rico en paisajes y naturaleza. Es el único lugar del mundo donde se pueden observar las cumbres más altas de la región desde una hermosa playa con los pies metidos en el agua… Aquí convergen todo tipo de paisajes: playas de arena negra, volcanes activos, montañas nevadas, glaciares a 300 metros de altura, bosques impenetrables, fiordos e islas casi desiertas… La vegetación, las montañas y los matices cambian cada 50km, tanto que parece que cambiáramos de país. Además, como Nueva Zelanda es un territorio de poca población, no es extraño recorrer varios kilómetros rodeados de naturaleza, aves y ovejas, entre poblado y poblado. Particularmente disfruté mucho recorriendo este país y descubriendo paisajes que jamás había visto, por ejemplo, tuve la oportunidad de visitar un cráter de un volcán activo. Fue simplemente magnífico poder viajar por las calles, lejos de toda civilización y detenerme para tomar fotos o descubrir un lugar totalmente desconocido.
Kiwis…
Así se les llama cariñosamente a los habitantes del país, personas muy amables y agradables. Aunque en las grandes ciudades impera el ritmo agitado propio de la cultura occidental, lejos de los centros urbanos, encontramos personas más abiertas, dispuestas a conversar y a ayudarnos. Es posible detenerse a medio camino para tomar una foto y continuar media hora más tarde, luego de haber conversado con un habitante del poblado vecino. Aquí la vida es más tranquila y las personas son más relajadas que en Suiza, particularmente en su modo de vestir. Es normal ver a un ejecutivo comiéndose un sándwich a orillas del mar o a una familia haciendo mercado con los pies descalzos. Como todos los comercios cierran a las cinco de la tarde, los Kiwis aprovechan el tiempo compartiendo con su familia o haciendo deporte.
Disfruté mucho compartiendo con las personas cálidas y abiertas de este país. Tanto en la escuela como en casa de mi familia anfitriona siempre me sentí a gusto. Era fácil conversar, explicar mis problemas o pedir ayuda. Por otro lado, gracias a uno de mis profesores, conocí una magnífica playa de arena blanca que ningún guía mencionaba. Igualmente, pude constatar que los Maoris son personas muy amables. ¿Mi mejor recuerdo? El propietario de un albergue juvenil me preparó una langosta como cena de bienvenida.
Tierra de encuentros
Como queda tan cerca de los principales países asiáticos, muchos jóvenes vienen a Nueva Zelanda para mejorar su inglés. Esto representa una oportunidad única para conocer personas de todas partes del mundo, aprender su cultura y vivir una experiencia inolvidable. Durante mi estadía, conocí estudiantes de Taiwán, Japón, Corea, Tailandia, Brasil, Arabia y Alemania. Además, en Nueva Zelanda en muy fácil alquilar un automóvil para recorrer la región durante un fin de semana… Estos pequeños recorridos me permitieron no sólo descubrir este magnífico país, sino también hacer amigos de culturas diferentes; aunque parezca algo fácil, se debe tener en cuenta que pequeños errores pueden desencadenar pequeños conflictos.
El hecho de conocer personas de todo el mundo es una experiencia muy enriquecedora a nivel personal. Además, mis nuevos amigos internacionales me invitaron a conocer sus países en un próximo viaje. Aunque este aspecto multicultural se puede encontrar en otros países angloparlantes, Nueva Zelanda le confiere un toque mágico a estos encuentros.
Suiza del hemisferio sur
Como Nueva Zelanda es también llamada la Suiza del hemisferio sur, esperamos encontrarnos con un país occidentalizado. Los supermercados, los transportes públicos, las grandes ciudades, las costumbres familiares y algunos paisajes son muy parecidos a los de Suiza, pero al mismo tiempo muy diferentes. No es posible comparar la principal cadena montañosa de Nueva Zelanda con los Alpes suizos, ni la ciudad de Christchurch con Zúrich. Siempre surgen detalles que nos recuerdan que estamos del otro lado del planeta… Todo es diferente y adaptarnos toma tiempo, pero una vez que lo logramos podemos comprender el país y sentirnos tan gusto como en casa. Tenemos que recordar a menudo que estamos en otro hemisferio donde todo es distinto: la luminosidad, las estrellas, las estaciones. No es fácil imaginar que mientras paso Navidad en la playa, mis amigos están esquiando en Suiza… Éste es el encanto de esta tierra: una pequeña isla del Pacífico donde nada es totalmente parecido ni completamente diferente a lo que conozco.
¡Mágico!
Me tomó un cierto tiempo adaptarme a este país, pero una vez pasada esa etapa pude sentirme como en casa. Nueva Zelanda es una tierra mágica y magnífica donde es imposible no sentirse a gusto. Aprendí a disfrutar de las caminatas por la naturaleza y todo era tan diferente a mi país que siempre me quedaban ganas de seguir explorando y descubriendo maravillas. El mejor ejemplo fue una montaña a 1.400 metros de altitud, muy parecida a las que tenemos en Suiza, pero que formaba parte de una atmósfera y un paisaje tan distintos, donde el canto de los pájaros y los distintos matices la convertían en un lugar mágico. En resumen, Nueva Zelanda es un país como ningún otro.
Por todas estas razones, disfruté mucho mi estadía en Nueva Zelanda. Es un país mágico, muy diferente a lo que conocemos, pero al mismo tiempo muy parecido. Sin duda, el mejor lugar para aprender inglés, viajando y descubriendo milagros, y conociendo personas de todas partes del mundo. A todos aquellos que disfruten viajar y conocer cosas nuevas, les recomiendo venir a descubrir esta tierra de sueños.
Quedaran totalmente satisfechos.














