El pasado 2 de enero del 2012, el Banco de la República, a través de su Centro de Estudios Económicos Regionales CEER de Cartagena, reveló la investigación titulada “El bilingüismo en los bachilleres colombianos” del economista Andrés Sánchez Jabba.
La conclusión general, como se ha difundido ampliamente en los medios de comunicación durante los últimos días, es clara y contundente: “los bachilleres colombianos tienen un pobrísimo manejo del idioma inglés como lengua extranjera”.
No obstante, hoy escribo para llamar la atención sobre otro hecho que también presenta la investigación y que tal vez ha sido pasado por alto en el llamado de emergencia por la ausencia de competencias lingüísticas efectivas en la población joven de Colombia.
En su diagnóstico sobre el estado actual del bilingüismo en Colombia, Sánchez Jabba argumenta que, según las pruebas Saber 11,”…entre los años 2007 y 2010, entre el 50% y el 60% de los estudiantes próximos a culminar sus estudios de educación media no alcanzó un nivel principiante, mientras que el porcentaje de estudiantes que superó el nivel pre-intermedio se encuentra entre el 1% y el 2%…“:
Así mismo, como continúa relatando el investigador, según las cifras del Ministerio de Educación Nacional, de la totalidad de los estudiantes que presentaron la prueba Saber 11 en el 2010 (398.164) el 93% alcanzó el nivel A1, el 5% el nivel A2, el 2% el nivel B1 y menos del 1% el nivel B2, en el manejo del inglés.
El Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas define estos niveles de la siguiente manera:
Nivel A1 o elemental: El estudiante comprende frases simples, direcciones y descripciones cotidianas, pero utiliza solo palabras o expresiones aisladas, construyendo frases incompletas, sin un verdadero contenido gramatical. (93% de la población de jóvenes colombianos evaluados)
Nivel A2 o intermedio inferior: El estudiante comprende el idioma con cierta dificultad, exceptuando ciertas situaciones precisas. Puede leer textos simples. Aunque comete errores frecuentemente, es capaz de expresarse utilizando varias frases en un número limitado de situaciones. (5% de la población de jóvenes colombianos evaluados)
Nivel B1 o intermedio: El estudiante comprende el lenguaje cotidiano. Aunque comete errores gramaticales y de expresión, es capaz de hacerse entender. (2% de la población de jóvenes colombianos evaluados)
Nivel B2 o intermedio superior: El estudiante comprende el lenguaje cotidiano. Comete errores puntuales de gramática, de acentos y de vocabulario, pero es capaz de expresar sus ideas claramente. Sus conocimientos lingüísticos son operacionalmente suficientes como para involucrarse en el mundo laboral. (menos del 1% de la población de jóvenes colombianos evaluados)
De ese ínfimo 3% de estudiantes que tienen la capacidad básica de comunicarse en inglés, el investigador concluye lo que más angustioso -pero que a la vez es muy lógico- me parece: “se caracterizan por ser estudiantes que poseen condiciones socioeconómicas favorables“. Es decir que únicamente del 1% al 3% de la población de estudiantes colombianos que se reciben cada año de bachilleres, cuyas familias cuentan con los recursos para brindarles una educación bilingüe, son con los que podemos contar como la población de potenciales científicos, educadores, gobernantes y empresarios en cuyas manos estará la competitividad de la Colombia del futuro en el escenario internacional. Si a esa población le restamos los cerebros bilingües que se fugan por diversos motivos, verdaderamente muy pocos serán los candidatos.
Entonces, el restante 97% de los colombianos con posibilidad de acceder a educación superior, bajo ese escenario, quedará sometido -desde ahora- a una menor calidad de vida debido a los ingresos más bajos que recibirá por no contar con las competencias lingüísticas necesarias que les permitan acceder a puestos de trabajo con responsabilidades internacionales. No habrá postgrado que valga, en candidatos con experiencia laboral y formación académica similar, la capacidad de comunicarse con efectividad a nivel lingüístico y cultural en un contexto internacional hará la diferencia -tal como ya empieza a suceder-. La desigualdad de nuestra sociedad será aún peor de la que enfrenta hoy en día.
Soluciones
Por supuesto que para mejorar el panorama es un primer paso el Programa Nacional Nacional de Bilingüismo PNB del Ministerio de Educación Nacional. El cual, como lo informa Sánchez Jabba en su investigación, tiene como objetivo principal lograr “ciudadanos y ciudadanas capaces de comunicarse en inglés, de tal forma que puedan insertar al país en los procesos de comunicación universal, en la economía global y en la apertura cultural, con estándares internacionalmente comparables que inserten al país en procesos de comunicación universal…“. Pero al que también le solicita acción de manera categórica afirmando que “es imperativo que se trabaje en cerrar la brecha, en el nivel de inglés, entre los estudiantes de colegios oficiales y no oficiales, ya que los resultados sugieren que los primeros, quienes representan la mayoría de los bachilleres colombianos, alcanzan un nivel de inglés significativamente bajo, mientras que los segundos continúan alcanzando puntajes comparativamente altos“. Ahora bien, subyace la cuestión, y el debate es necesario, de si será mejor tener una política orientada al bilingüismo en inglés -poner todos los huevos en una misma canasta- o mejor empezar a hablar de una política multilingüe, porque, para la muestra un botón: el portugués brasileño y el mandarín cobran cada vez más relevancia para la vida económica y cultural de Colombia.
Pero el Ministerio de Educación con su PNB no debe ser el único en dar la batalla. La Cancillería debe trabajar porque los estudiantes colombianos, sin importar su estrato socioeconómico y que demuestren una genuina intención de viajar a perfeccionar sus competencias lingüísticas y regresar al país, les sea más fácil y más económico acceder a una visa de estudios. Que organizaciones como los Fondos de Empleados y las Cooperativas financieras y de ahorro y crédito, que tienen una vocación social, creen líneas de crédito destinadas a la financiación de estudios lingüísticos en el exterior que les permitan a los trabajadores promedio brindarles estas oportunidades a sus hijos -cuentan con nosotros para darles toda la información que necesiten para concebir el producto-. Que el ICETEX flexibilice un poco más los requisitos, plazos y abarate los intereses, de los préstamos destinados a financiar las necesidades de movilidad global de nuestros estudiantes internacionales. Que las aerolíneas de tradición colombiana piensen en crear ofertas especiales específicamente destinadas a los estudiantes que viajan.
Y organizaciones como nosotros, ESL Estudios Internacionales, dedicadas a la promoción de la educación lingüística internacional, debemos desempeñar el rol de articuladores. Porque de la mano de nuestras escuelas de idiomas asociadas en el mundo y fortalecidos por alianzas con empresas como las mencionadas anteriormente, es que podemos crear líneas de programas de estudios que puedan ofrecer tanto la calidad educativa, como los destinos y los costos ideales para cubrir efectivamente las necesidades de aprendizaje lingüístico de nuestros estudiantes colombianos.
Para un joven europeo, partir a estudiar un idioma extranjero es una experiencia más de la normalidad de su vida. Para un joven colombiano puede representar la apuesta al reto que haga la diferencia.
Javier Perdomo
Gerente de ESL para Colombia
javier@esl.com.co
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