Este verano fui a estudiar alemán en la ciudad de Berlín, y fueron los mejores tres meses de vacaciones que he tenido. Tuve la oportunidad de conocer, además de la alemana en sí, otras culturas, ya que en la escuela a la que asistía había gente de todas partes del mundo, con el mismo objetivo de aprender el idioma. Al llegar, se me hizo un poco difícil el adaptarme al sistema, incluso al transporte público, que es muy distinto al de mi ciudad, Ciudad de Panamá. Sin embargo, a medida que pasaban los días, la capital de Alemania ya me era cada vez más familiar, hasta llegar al punto de desplazarme con naturalidad. El movilizarse en esta hermosa ciudad no es problema alguno, todos los medios de transporte se encuentran ampliamente disponibles, como el U-Bahn, que es lo que nosotros conoceríamos como “metro”. El S-Bahn que es un tren aéreo que atraviesa la ciudad y buses y taxis que funcionan casi en todos los horarios. Gracias a esta ventaja, tuve la oportunidad de pasear con mis amigos y compartir experiencias inolvidables.
El primer día en la escuela, por lo general se debe hacer una prueba para que los profesores puedan determinar tu nivel. A pesar de que yo tenía un alemán básico, preferí empezar por el primer nivel, para aprender bien y reforzar las bases. Las aulas no tenían más de 12 personas. La escuela nos organizó de tal manera que los estudiantes de la misma clase no tuviéramos el mismo idioma materno, y así vernos forzados a comunicarnos entre sí en alemán. También había una sala de cómputo donde después de clases, la mayoría de las personas nos reuníamos y conocíamos.
Visité muchos lugares, la escuela organizaba viajes todas las semanas, siempre con algo nuevo que ver, ya fuera dentro o fuera de la ciudad. Los miércoles usualmente íbamos a museos, exposiciones, entre otros eventos culturales. Mientras que los sábados hacíamos paseos a lugares como Potsdam, Dresden o ciudades en las que pudimos apreciar la historia, los castillos y mucho acerca de la cultura alemana. En cuanto a actividades sociales, los martes teníamos una reunión llamada “Stammtisch” que consistía en ir todos juntos a un bar, con el propósito de conocernos e integrarnos y así hacer más agradable el ambiente.
La familia que me asignaron fue fantástica conmigo, no pude llegar donde mejores personas. En la casa éramos Jana (mi mamá anfitriona, por quien conservo gran afecto) Sebastian (mi papá anfitrión) mis dos hermanitas Alexandra de 6 años y Juliana de 10 (con las que practicaba enormemente mi alemán) y mi hermana mayor de 19 años, Sandra. Ellos fueron muy cariñosos, y me trataron como si fuese de la familia, me ayudaban en mis tareas cuando no entendía, disfrutaba mucho de su compañía, ellos me hablaban principalmente en alemán pero las palabras que no me sabía, las buscaba en mi diccionario. Ellos tenían un diccionario igualmente.
Mi experiencia en Berlín fue grandiosa y aprendí muchísimas cosas por mí misma, me dí cuenta que puedo ser una persona independiente y me sentí muy a gusto con todo lo que me rodeaba. En las próximas vacaciones planeo regresar ¡Gracias ESL – International Studies!











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